Pensar en el bienestar de las familias también implica mirar las calles, los parques, el transporte y los espacios públicos que utilizan todos los días.
Una ciudad bien planeada puede facilitar la convivencia, reducir riesgos y acercar servicios y oportunidades. Por el contrario, las deficiencias urbanas pueden convertirse en obstáculos cotidianos: largos traslados, falta de espacios públicos, calles poco accesibles o recorridos inseguros hacia la escuela y el trabajo.
ONU-Habitat ha abordado la relación entre planeación urbana, espacio público y seguridad. Desde esta perspectiva, el diseño de una ciudad influye en aspectos tan concretos como el tiempo que una persona dedica al transporte, la posibilidad de que niñas y niños tengan un parque cerca de casa o las condiciones para caminar de manera segura.
En México, parte del crecimiento urbano ha ocurrido sin una visión integral. Frente a ello, gobiernos locales, institutos de planeación y organizaciones de la sociedad civil han impulsado iniciativas para colocar la calidad de vida en el centro del desarrollo urbano.
En el noroeste del país existen ejemplos que permiten observar este cambio de enfoque.
La mirada del noroeste
Pensar una ciudad desde el bienestar requiere mirar más allá del alumbrado insuficiente, los terrenos baldíos o las calles de difícil acceso. También supone preguntarse, desde la planeación: ¿esta calle facilita la vida cotidiana?, ¿esta plaza favorece la convivencia?, ¿este sistema de transporte responde a las necesidades de quienes cuidan, estudian y trabajan?
En Hermosillo, el parque urbano La Sauceda representa un espacio orientado a la convivencia y el esparcimiento, donde también se realizan actividades relacionadas con el cuidado del medioambiente. Espacios de este tipo muestran cómo la infraestructura pública puede cumplir distintas funciones sociales y ambientales.
En Mexicali, la planeación municipal plantea objetivos relacionados con la cohesión social y el bienestar. Durante la elaboración de su instrumento de desarrollo urbano, las familias participantes señalaron necesidades vinculadas con espacio público, transporte, vivienda y salud, además de la seguridad. Esta mirada permite entender que una ciudad segura no depende únicamente de la vigilancia, sino también de contar con servicios y entornos adecuados.
Culiacán cuenta con un Instituto Municipal de Planeación que incorpora el bienestar social dentro de la discusión sobre el desarrollo urbano. A ello se suma el trabajo de organizaciones de la sociedad civil y del sector privado que participan en proyectos de infraestructura y participación ciudadana, tanto en áreas urbanas como fuera de ellas.
En Tijuana, el Instituto Metropolitano de Planeación también trabaja en el ordenamiento territorial con una perspectiva centrada en las necesidades de quienes habitan la ciudad. Bajo esta lógica, la planeación no se limita al crecimiento físico: busca generar condiciones que favorezcan la movilidad, el acceso a servicios, la convivencia y el bienestar.
Los cuatro casos muestran distintas aproximaciones a una misma pregunta: ¿cómo hacer que el crecimiento de una ciudad se traduzca en una mejor vida cotidiana para quienes la habitan?
Una tarea compartida
Construir ciudades que favorezcan el bienestar familiar no depende únicamente de los gobiernos o de los institutos de planeación.
Requiere coordinación entre las áreas responsables de salud, seguridad, transporte, obras públicas, medioambiente y desarrollo urbano. También necesita participación ciudadana para identificar problemas, establecer prioridades y evaluar si las intervenciones realmente mejoran la vida cotidiana.
En municipios del noroeste de México comienzan a observarse esfuerzos que colocan a las personas y su bienestar dentro de la discusión urbana. Sin embargo, contar con planes, instituciones o proyectos es apenas una parte del proceso.
El desafío es convertir esa visión en acciones sostenidas, evaluar sus resultados y mantener espacios de participación social.
Porque una ciudad que cuida a las familias no se define solamente por lo que construye, sino por qué tan fácil, segura y digna hace la vida cotidiana de quienes la habitan.
Con información de ONU Hábitat