Los conflictos duran más, los impactos climáticos se intensifican y las necesidades humanitarias aumentan. Frente a este escenario, atender únicamente las consecuencias inmediatas de una emergencia resulta insuficiente.
En 2025, el llamado global de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios buscó reunir 47 mil millones de dólares para brindar asistencia vital en 32 países y nueve regiones receptoras de refugiados. Solo se obtuvieron 12 mil millones de dólares, el nivel de financiamiento más bajo de la última década.
Al mismo tiempo, 239 millones de personas viven en contextos de crisis que requieren una respuesta urgente.
Ante la creciente brecha entre necesidades y recursos, el Foro Económico Mundial plantea avanzar hacia un “reinicio humanitario”: una manera de responder a las emergencias con mayor enfoque, eficiencia y capacidad para sentar, desde el primer día, las bases de la recuperación de largo plazo.
Estas son cinco acciones para avanzar en esa dirección.
Priorizar la recuperación desde las primeras etapas
La recuperación no tiene que esperar a que termine una emergencia. Restaurar servicios esenciales, medios de vida y sistemas locales mientras continúa la asistencia permite a las comunidades comenzar antes su reconstrucción.
En Gaza, por ejemplo, programas de empleo de emergencia vinculados con servicios de salud, educación, producción de alimentos y trabajos comunitarios han generado más de 15 mil oportunidades temporales de trabajo. A ello se suman labores para retirar escombros, reabrir vías de acceso y preparar terrenos para infraestructura y vivienda.
La lógica es atender las necesidades inmediatas sin perder de vista las condiciones que permitirán a las comunidades recuperarse.
Planificar la transición desde el inicio
La ayuda externa es indispensable durante una emergencia, pero mantenerla indefinidamente no es sostenible. Por ello, una transición humanitaria requiere que gobiernos, instituciones y comunidades locales asuman progresivamente mayores responsabilidades.
Irak ofrece una referencia. Ante el retorno de 4.9 millones de personas desplazadas, los esfuerzos de estabilización fortalecieron capacidades locales para gestionar servicios e infraestructura, mientras distintos programas comunitarios apoyaron la reintegración y la cohesión social.
Planificar esta transición desde el comienzo ayuda a evitar que los avances se pierdan cuando disminuye el apoyo internacional.
Invertir para reducir necesidades futuras
El éxito de la acción humanitaria no solo puede medirse por la atención brindada durante una emergencia. También importa la capacidad de las comunidades para depender cada vez menos de apoyos externos.
Una investigación citada por el Foro Económico Mundial estima que cada dólar invertido en prevención podría evitar entre 26 y 103 dólares en posibles costos asociados a conflictos.
Invertir en medios de vida resilientes, instituciones capaces de responder y servicios esenciales más resistentes puede disminuir los impactos de futuras crisis. Reducir la necesidad de ayuda no significa reducir el compromiso humanitario, sino fortalecer capacidades para enfrentar nuevos riesgos.
Fortalecer el liderazgo local
Las soluciones tienen mayores posibilidades de mantenerse cuando las instituciones y las comunidades participan en las decisiones sobre su propio territorio.
En Ucrania, comunidades afectadas por el conflicto trabajan en la recuperación de espacios de administración local que funcionan como centros de servicios y coordinación comunitaria. Estos espacios permiten organizar servicios sociales, identificar prioridades y atender necesidades junto con habitantes y organizaciones civiles.
Reconstruir capacidades institucionales es, en este sentido, tan importante como recuperar infraestructura física.
Incorporar al sector privado
Empresas, inversionistas y negocios locales también pueden desempeñar un papel relevante en la recuperación. Su participación contribuye a restablecer mercados, generar empleo y reactivar la actividad económica.
Un ejemplo es una alianza creada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, DHL Group y Airports Council International para fortalecer la capacidad de los aeropuertos ante situaciones de crisis. La iniciativa ha llegado a más de 60 aeropuertos de 28 países, donde especialistas capacitan a autoridades aeroportuarias y responsables de atención de desastres para responder al incremento repentino de ayuda, suministros y personal de emergencia.
Ante recursos humanitarios cada vez más presionados, la colaboración entre gobiernos, comunidades, organismos internacionales y sector privado adquiere mayor relevancia.
De atender la emergencia a construir resiliencia
El desafío no es menor. Las crisis son cada vez más prolongadas y recurrentes, mientras los recursos disponibles no crecen al mismo ritmo que las necesidades.
El planteamiento del Foro Económico Mundial apunta a cambiar la manera de responder: actuar desde la emergencia, pero pensando desde el inicio en la recuperación.
Más que sustituir la ayuda humanitaria, se trata de aprovecharla para fortalecer capacidades locales, recuperar servicios y medios de vida, reducir riesgos futuros y generar condiciones para que las comunidades puedan avanzar hacia una recuperación sostenible.
Fuente: Foro Económico Mundial