El acero es uno de los materiales más utilizados en el mundo. Está presente en edificios, carreteras, puentes, vehículos, infraestructura energética y una amplia variedad de productos industriales. Sin embargo, también forma parte de una de las industrias con mayor impacto ambiental: la siderurgia genera cerca del 8 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero asociadas a la energía.
Frente a este escenario, la descarbonización se ha convertido en un reto estratégico para el futuro del sector. Así lo expone un análisis de Expansión ESG, que señala que la creciente demanda de materiales con menor huella de carbono está modificando las decisiones de inversión y los procesos de producción en la industria.
Competir con menos emisiones
Durante décadas, el precio, la calidad y la capacidad de producción marcaron la competencia entre las empresas siderúrgicas. Hoy, la intensidad de carbono comienza a ganar relevancia, especialmente en mercados donde los compradores incorporan criterios ambientales en sus decisiones.
Una de las principales alternativas es el llamado acero de bajas emisiones o acero verde, cuya producción sustituye el carbón utilizado tradicionalmente para reducir el mineral de hierro por hidrógeno obtenido con energías renovables. Además, incorpora hornos eléctricos y una mayor utilización de acero reciclado, tecnologías que pueden reducir hasta en 97% las emisiones respecto de los procesos convencionales.
No obstante, la transición representa un desafío económico. Según datos citados por Expansión ESG, producir acero con bajas emisiones puede incrementar los costos entre 40% y 70%, además de requerir inversiones globales estimadas en 2.6 billones de dólares para transformar la industria.
México busca fortalecer su posición
En este contexto, empresas como DeAcero, Ternium y ArcelorMittal México han comenzado a incorporar estrategias orientadas a reducir emisiones, mejorar la eficiencia energética y ampliar el uso de materiales reciclados.
Juan Antonio Reboulen, director de Asuntos Corporativos y Comercio Internacional de DeAcero, afirmó que la sustentabilidad ya forma parte del modelo de negocio de la empresa y destacó que el 98% del acero que produce proviene de chatarra reciclada, lo que permite operar con una menor huella de carbono.
El análisis también advierte que, para consolidar el desarrollo del acero de bajas emisiones en México, será necesario ampliar la disponibilidad de energía limpia, impulsar nuevas inversiones y fortalecer el marco regulatorio.
Entre las propuestas destaca la creación de una norma ecológica que permita identificar y certificar el acero producido con menores emisiones de dióxido de carbono, con el objetivo de fortalecer la competitividad del país en las cadenas globales de suministro.
Fuente: Expansión ESG