La Sierra Madre Occidental de Sonora alberga la última población reproductiva estable de jaguares en el extremo norte del continente. Especialistas advierten que conservar su hábitat no solo asegura la supervivencia del felino más grande de América, sino también la de los ecosistemas que dependen de su presencia como principal depredador.
Mientras en estados como Arizona solo se registran avistamientos esporádicos, en la Sierra Madre Occidental sonorense existe una población estable capaz de reproducirse, así lo destaca información publicada por NORO, con base en declaraciones de especialistas.
De acuerdo con Lydia Lozano Angulo, directora ejecutiva de Northern Jaguar Project, la diferencia radica en que Sonora mantiene una comunidad de hembras y machos que continúa reproduciéndose.
“Sonora es donde se encuentra la población reproductiva más importante del jaguar. […] Sonora tiene el registro donde se ha identificado la última población en todo el continente”, señaló la especialista.
La presencia de una población reproductiva convierte a Sonora en una pieza clave para la conservación del jaguar (Panthera onca), el felino más grande de América y una especie catalogada en peligro de extinción.
Un indicador de ecosistemas saludables
El jaguar necesita grandes extensiones de territorio, disponibilidad de agua y suficientes presas naturales para sobrevivir. Por ello, su presencia también refleja el buen estado de conservación de los ecosistemas.
“Donde hay jaguares podríamos concluir que son sitios bien conservados porque pueden sostener toda esta red de vida hasta tener un depredador como el jaguar”, explicó Lozano.
Los ejemplares sonorenses habitan principalmente en la Sierra Madre Occidental, donde corredores biológicos conectan bosques y cañadas que también albergan pumas, ocelotes, gatos monteses, venados cola blanca, pecaríes y una gran diversidad de flora y fauna.
Un refugio que aún enfrenta amenazas
Pese a su importancia ecológica, observar un jaguar en libertad es poco común. Su comportamiento discreto hace que las cámaras trampa sean la principal herramienta para monitorear a la especie. Gracias al patrón único de sus rosetas —equivalente a una huella digital— los investigadores pueden identificar a cada individuo y seguir su historia.
Así fue posible documentar durante más de once años a una hembra conocida como Libélula, cuyo registro con cachorros en 2020 confirmó que la población de jaguares en Sonora continúa reproduciéndose.
“La verdad es que es muy difícil verlos. Estoy segura de que varios nos ven, pero nosotros no los vemos”, comentó la directora de Northern Jaguar Project.
Sin embargo, este refugio natural enfrenta amenazas como la pérdida y fragmentación del hábitat, la expansión de la minería, los incendios forestales y los efectos del cambio climático.
La información publicada por NORO destaca que conservar al jaguar va mucho más allá de proteger a una especie emblemática. Significa preservar los corredores biológicos y los ecosistemas que sostienen a cientos de especies de flora y fauna, así como resguardar uno de los últimos bastiones del gran felino en el norte del continente.
Fuente: NORO