La naturaleza se está convirtiendo en un factor determinante para la rentabilidad del sector inmobiliario, advierte un análisis publicado por Financial Times, que plantea integrar la biodiversidad ya no es solo una acción ambiental, sino una estrategia clave para mantener la competitividad en un mercado en transformación.
El argumento tiene sustento económico. Según datos citados en el artículo, al menos la mitad del PIB mundial —unos 58 billones de dólares— depende directamente de la naturaleza. En ese escenario, la degradación ambiental deja de ser un problema abstracto y se traduce en riesgos concretos para las inversiones: pérdida de valor de activos, interrupciones en cadenas de suministro y afectaciones al bienestar de quienes habitan o trabajan en esos espacios.
Un sector bajo presión ambiental
El sector inmobiliario enfrenta una paradoja: depende profundamente del capital natural, pero también contribuye a su deterioro. Genera el 39% de las emisiones globales de carbono relacionadas con la energía y cerca del 30% de la pérdida de biodiversidad.
Además, está expuesto a riesgos físicos cada vez más frecuentes —como inundaciones o eventos climáticos extremos— y a riesgos de transición derivados de nuevas regulaciones y compromisos de descarbonización. Este contexto está empujando a desarrolladores e inversionistas a replantear sus modelos de negocio.
De la sostenibilidad a la estrategia
El análisis publicado por Financial Times señala que el sector está evolucionando de una lógica centrada en la divulgación ambiental hacia una integración activa de la naturaleza en sus operaciones. Esto incluye herramientas como la contabilidad del capital natural, la divulgación de riesgos relacionados con biodiversidad y mecanismos emergentes como créditos ambientales o financiamiento vinculado a la naturaleza.
Las empresas que avanzan en esta dirección no solo mitigan riesgos, sino que también generan ventajas competitivas: acceden a nuevos mercados, responden a consumidores más exigentes y fortalecen el valor de sus activos a largo plazo.
Casos que marcan tendencia
Uno de los ejemplos destacados es Tokyu Fudosan Holdings Corporation, desarrolladora japonesa que ha integrado la biodiversidad como un eje estratégico.
Sus proyectos abarcan desde desarrollos urbanos en Tokio, donde se ha incrementado la diversidad de especies, hasta la recuperación de ecosistemas forestales en Tateshina y acciones de restauración en destinos turísticos como Palaos. Estas iniciativas muestran cómo la gestión ambiental puede traducirse en valor tangible.
El cambio también responde a nuevas demandas del mercado. En oficinas, los inquilinos priorizan edificios con mejor desempeño ambiental; en vivienda, crece la búsqueda de entornos saludables; y en turismo, el 75% de los viajeros considera el impacto ambiental al elegir destino.
El valor de anticiparse
La presión para reducir emisiones —con metas globales como disminuirlas en 43% hacia 2030— acelera esta transformación. En este contexto, integrar la biodiversidad deja de ser opcional.
El artículo destaca que invertir en naturaleza no solo protege el entorno, también protege el valor, ya que en un mercado inmobiliario cada vez más expuesto al cambio climático, la competitividad futura dependerá de la capacidad de las empresas para alinear sus proyectos con los límites y oportunidades que ofrece el entorno natural.
Fuente: Financial Times