Para muchas mujeres, la jornada laboral no termina cuando salen de su lugar de trabajo. Al llegar a casa, comienza un segundo turno: preparar la cena, ayudar con las tareas escolares, atender a niñas, niños o personas mayores, limpiar, planear el día siguiente.
Esta rutina, repetida millones de veces alrededor del mundo, refleja una realidad estructural: las mujeres realizan tres veces más trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres, de acuerdo con ONU Mujeres.
“Las encuestas de ONU Mujeres sobre el uso del tiempo muestran que las mujeres realizan tres veces más trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres, con una media de 4.2 horas diarias frente a 1.7 horas en el caso de los hombres”, destaca el organismo en su publicación, Hoja de ruta para la igualdad de género.
El documento advierte que la falta de flexibilidad laboral es una de las principales barreras que impiden a las mujeres permanecer en la economía formal. No se trata solo de acceso al empleo, sino de poder mantenerlo en condiciones justas.
Cuando una hija o un hijo enferma, cuando se suspenden las clases o surge una emergencia en casa, son mayoritariamente las mujeres quienes hacen ajustes: reprograman reuniones, toman licencias no remuneradas o incluso abandonan sus puestos. En países como Estados Unidos, las mujeres tienen diez veces más probabilidades que los hombres de ausentarse del trabajo por razones de cuidado.
Esta rigidez, señala el informe, es una de las causas más fáciles de corregir. La implementación de esquemas laborales flexibles (horarios adaptables, trabajo híbrido o remoto, y licencias corresponsables) puede marcar una diferencia sustantiva.
“Más de la mitad de las mujeres (el 52%) encuestadas por Team Lewis afirmaron que el trabajo flexible las ayudaría a permanecer en la economía. El informe revela asimismo que el 45% de las mujeres que se replantean sus empleos en 2025 se quejan de la falta de flexibilidad, y el 40% mencionan problemas de conciliación entre la vida laboral y la personal”, destaca.
Pero los beneficios de la flexibilidad van más allá de la equidad de género. Un estudio citado por ONU Mujeres, Flexonomics, realizado por Pragmatix Advisory, estima que adoptar modelos laborales flexibles podría generar más de 55 mil millones de libras esterlinas adicionales para la economía del Reino Unido, gracias al aumento de productividad, mayor retención de talento y aprovechamiento del potencial femenino.
Recomendaciones urgentes
ONU Mujeres plantea dos grandes frentes de acción:
- Empresas y empleadores: deben diseñar empleos más humanos y adaptables, normalizar la igualdad de responsabilidades de cuidado, ofrecer opciones de trabajo remoto y actualizar sus políticas de licencias.
- Hogares y familias: la igualdad también se construye en casa. Compartir tareas domésticas y de cuidado es clave para transformar la cultura del trabajo.
“Si comes, cocina. Si te lo pones, lávalo. Si habitas ese hogar, límpialo”, dice el informe, porque no hay igualdad laboral posible sin corresponsabilidad en el cuidado.
Para garantizar la participación plena de las mujeres en el mundo del trabajo, es urgente modernizar los sistemas laborales y reconocer que la flexibilidad no es un privilegio, sino un derecho y una estrategia para la equidad.
Fuente: ONU Mujeres