Durante décadas, el impuesto al valor agregado (IVA) ha sido uno de los instrumentos fiscales más cuestionados en América Latina. Su fama de impuesto regresivo —que afecta más a quienes menos tienen— lo ha convertido en un tema políticamente sensible y en un terreno casi intocable, sin embargo, un nuevo enfoque plantea que el verdadero problema no es el IVA en sí, sino cómo se redistribuye lo que recauda.
El libro Repensar la tributación para impulsar el crecimiento en América Latina y el Caribe, del economista Guillermo Vuletin y publicado por el Grupo Banco Mundial, propone revisar uno de los consensos más arraigados en la región: que el IVA es incompatible con la equidad social, especialmente en economías con alta informalidad como la mexicana.
El IVA bajo una nueva lupa
Vuletin sostiene que gran parte del diagnóstico tradicional parte de una medición incompleta. Cuando el análisis se hace con base en el consumo real —incluidas las transacciones informales— y no solo en el ingreso, el carácter regresivo del IVA se vuelve menos evidente. En otras palabras, todos consumen y todos pagan IVA, incluso fuera de la economía formal.
Además, el informe advierte que tasas estándar excesivamente altas pueden frenar el crecimiento económico, incentivar la evasión y afectar la competitividad.
La recomendación no es eliminar el IVA ni multiplicar tasas diferenciadas, sino ampliar la base, reducir distorsiones y usar otros instrumentos para corregir desigualdades.
Transferencias focalizadas: la clave redistributiva
Aquí entra en juego las transferencias monetarias focalizadas, una de las propuestas centrales del libro. A diferencia de los subsidios generalizados o de las exenciones al IVA, estas transferencias permiten apoyar directamente a los hogares de menores ingresos sin sacrificar eficiencia recaudatoria.
Gracias a los avances tecnológicos —padrones digitales, pagos electrónicos, mejor información fiscal— hoy es posible implementar mecanismos como el IVA personalizado o incluso impuestos negativos sobre la renta, que compensan a los sectores más vulnerables sin distorsionar el sistema tributario, destaca Guillermo Vuletin.
Esta estrategia puede redefinir la tensión clásica entre eficiencia y equidad, ya que el sistema de impuestos se concentra en recaudar de manera simple y amplia, mientras que la política social corrige las desigualdades de forma directa y medible.
“Además de apoyar a las poblaciones vulnerables, las transferencias monetarias focalizadas también permiten abordar las necesidades de los sectores de ingreso bajo y mediano a través de mecanismos como el impuesto negativo sobre la renta y el IVA personalizado”, destaca el autor en las conclusiones.
Un debate urgente para México
Para México, donde el IVA es una de las principales fuentes de ingresos no petroleros y el gasto social ocupa un lugar central en la política pública, esta discusión resulta especialmente relevante. Mantener un sistema lleno de excepciones puede ser popular, pero también costoso e ineficiente.
El planteamiento de Vuletin no busca aumentar la carga fiscal sin más, sino repensar la combinación de impuestos y transferencias para que la recaudación no sea un obstáculo al crecimiento, sino una palanca para el desarrollo.
El economista subraya que, en última instancia, repensar la tributación sin revisar la forma en que se ejerce el gasto público resulta insuficiente. Las rigideces presupuestales y la ineficiencia en el uso de los recursos no solo deterioran la confianza fiscal, también limitan la inversión pública necesaria para sostener el crecimiento de largo plazo.
Por ello, avanzar hacia un sistema fiscal resiliente en América Latina —y en México en particular— exige una mirada integral: recaudar mejor, pero también gastar mejor, de modo que la política tributaria y el gasto público trabajen juntos como motores del desarrollo económico y social, sostiene.
Fuente: Grupo Banco Mundial