La agricultura ha convertido a Sinaloa en uno de los principales productores de alimentos de México, pero detrás de esa capacidad productiva existe un recurso determinante: el agua.
Medir cuánto depende de ella cada cultivo permite entender dónde están las mayores presiones y qué oportunidades existen para producir de manera más eficiente.
El estudio Huella Hídrica en México 2026, elaborado por WWF México y AgroDer, estima que la producción agrícola de Culiacán y su zona productiva alcanza una huella hídrica de 5,605 hectómetros cúbicos (hm³), equivalente a 3.6% de la huella hídrica agrícola de todo México.
El análisis considera una zona integrada por Culiacán, Navolato y Mocorito, donde en 2023 se sembraron alrededor de 252,800 hectáreas. De ellas, unas 196,162 hectáreas, 78% del total, correspondieron a maíz.
La escala de ese cultivo resulta clave. Aunque otros productos requieren más agua por tonelada, el maíz concentra 81% de la huella hídrica agrícola de la región analizada. Su producción, cercana a 2.4 millones de toneladas, representa una huella estimada de 4,519 hm³.
No todos los cultivos tienen la misma huella
El estudio permite observar otra cara del problema. El ajonjolí registra la mayor huella hídrica por unidad producida, con 8,675 metros cúbicos por tonelada; le siguen frijol, con 4,688 m³; cártamo, con 4,584; y chile y pimiento, con 4,150. El maíz registra 1,884 m³ por tonelada.
Esto significa que evaluar la presión sobre el agua exige mirar al menos dos variables: cuánta agua requiere producir cada tonelada y cuánto se produce de cada cultivo.
También es necesario distinguir huella hídrica de extracción de agua. El indicador incorpora agua verde (proveniente de la lluvia y almacenada en el suelo), agua azul (superficial y subterránea) y agua gris, relacionada con la asimilación de contaminantes. Por ello, los 5,605 hm³ no deben interpretarse como agua extraída directamente de presas o acuíferos.
El reto: producir mejor con el agua disponible
El diagnóstico no se limita a dimensionar el problema. WWF México y AgroDer señalan que en la agricultura de Culiacán ya se han incorporado tecnologías y mejores prácticas para el manejo del agua y del suelo, aunque su adopción todavía no alcanza a todos los productores.
Ahí se encuentra uno de los principales desafíos para Sinaloa: extender prácticas eficientes, mejorar la planeación regional y reducir impactos ambientales sin perder la capacidad productiva que distingue al estado.
La pregunta, entonces, no es solamente cuánta agua utiliza la agricultura, sino cómo producir alimentos con una menor presión sobre los recursos hídricos.
En Sinaloa, agricultura y la disponibilidad de agua están estrechamente vinculadas, hacer frente a este reto será cada vez más importante para sostener la producción agroalimentaria de Sinaloa.
Fuente: WWF