En el corazón del desierto de Baja California Sur sobrevive la última población del berrendo peninsular, una subespecie que hoy cuenta con apenas 600 ejemplares entre vida libre y cautiverio. Es el único mamífero grande en peligro de extinción en la región.
Mientras especies como la ballena gris, el borrego cimarrón y el venado bura muestran poblaciones estables, el berrendo enfrenta una carrera contra el tiempo, explicó el Víctor Sánchez Sotomayor en entrevista para The Californias Podcast.
“La última población del berrendo peninsular se encuentra en el Vizcaino y parte también del Llano del Berrendo es el Valle de los Cirios. Estamos hablando de que creemos que hay por ahí de unos 600 ejemplares, tanto en cautiverio como en vida libre”, indicó.
De millones a cientos
Hace 150 años, en Norteamérica, había alrededor de 60 millones de berrendos en sus diversas subespecies. Hoy, aunque en Estados Unidos la especie supera el millón de ejemplares, en México quedan menos de 25 mil y de ellos, apenas unos 600 pertenecen a la subespecie peninsular, que es endémica de la península de Baja California.
El momento más crítico llegó en 2012, recordó Sánchez Sotomayor, cuando tras una sequía de 13 años —que redujo la precipitación anual de hasta 100 milímetros a apenas 30— simplemente dejaron de observarse berrendos silvestres. El estrés hídrico, vinculado al cambio climático, llevó a la población al borde de la desaparición.
Articular el desierto
Pero el berrendo no es solo una cifra. Es una pieza clave en la articulación del ecosistema desértico.
“Habría que buscar nuevamente la abundancia del berrendo, porque el berrendo es súper importante en la articulación y en el flujo de energía del ecosistema desértico”, señaló el biólogo.
Como herbívoro, regula la vegetación, influye en la dispersión de semillas y forma parte de la cadena trófica. Su desaparición alteraría el equilibrio ecológico del desierto.
Por eso, durante más de tres décadas, los esfuerzos de conservación en la región han girado en torno a esta especie.
Sánchez Sotomayor dijo que cuando estuvo al frente del manejo de áreas naturales, la estrategia fue alinear actividades como la ganadería, la agricultura, las pesquerías y el cambio de uso de suelo para respetar tanto el hábitat como al berrendo.
Tres estaciones y un museo
Uno de los logros más importantes ha sido el establecimiento de tres estaciones de reproducción, diseñadas para mantener poblaciones separadas que permitan flujo genético y reduzcan riesgos ante contingencias.
“El objetivo es aumentar su variabilidad genética y su biomasa, ahí están los dos elementos claves, y esto solamente se puede hacer junto con los dueños de la tierra, junto con las demás organizaciones interesadas y participantes en la conservación del berrendo, y con las autoridades”, subrayó.
En el Llano del Berrendo —territorio que lleva ese nombre desde el siglo XVII— también se construyó un museo dedicado a la especie y su entorno. La apuesta es combinar conservación con sensibilización social y aprovechar el flujo turístico que llega a la región por el avistamiento de ballenas para contar la historia de recuperación del berrendo.
La meta es recuperar la abundancia
Los niveles históricos de la subespecie no están claramente documentados, pero se estima que una población saludable en la península debería oscilar entre mil y dos mil ejemplares en vida silvestre.
La tarea es enorme, reconoció el especialista, pero vale mucho la pena porque salvar al berrendo peninsular no es solo evitar que desaparezca una especie carismática, sino sostener el delicado equilibrio del desierto sudcaliforniano, un ecosistema donde cada pieza cuenta y donde, tras décadas de trabajo, aún hay esperanza de que el guardián del desierto vuelva a correr con abundancia.
Fuente: The Californias Podcast