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CARBONO NEUTRAL 2030

Menos carbono desde hoy, la apuesta global por combustibles fósiles con menor huella ambiental en la aviación
Transporte sostenible
Menos carbono desde hoy, la apuesta global por combustibles fósiles con menor huella ambiental en la aviación
El combustible de aviación bajo en carbono (LCAF) se perfila como una alternativa de transición para avanzar hacia la meta de cero emisiones netas en 2050 en este sector

El sector aéreo enfrenta un desafío urgente: reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero sin frenar la conectividad global. Ante la lenta expansión de los combustibles sostenibles de aviación (SAF), el combustible de aviación bajo en carbono (LCAF) surge como una alternativa de transición para avanzar hacia la meta de cero emisiones netas en 2050.

De acuerdo con un análisis de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), este tipo de combustible —de origen fósil, pero con procesos más limpios— puede ayudar a disminuir emisiones mientras el SAF incrementa su producción.

La estrategia se enmarca en los objetivos de descarbonización impulsados por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), que promueve múltiples soluciones simultáneas, desde nuevas tecnologías hasta mejoras operativas.

Un puente hacia combustibles sostenibles

Aunque el SAF es considerado la solución de largo plazo, su desarrollo enfrenta barreras políticas, regulatorias y de inversión. En este contexto, el LCAF busca maximizar las reducciones de emisiones en la cadena actual de combustibles fósiles.

Para ser elegible bajo el esquema CORSIA, el LCAF debe demostrar al menos una reducción del 10% en emisiones a lo largo de su ciclo de vida respecto al combustible convencional. Estas mejoras se logran mediante tecnologías que reducen emisiones en etapas como la extracción de crudo, el refinado y el transporte.

Las proyecciones del sector indican que en 2030 la producción global de LCAF podría alcanzar 14 millones de toneladas, lo que equivaldría a evitar cerca de 6 millones de toneladas de CO₂. Sin embargo, el SAF cubriría solo una pequeña fracción de la demanda total de combustible en ese periodo, por lo que el papel del LCAF será clave en el corto plazo.

Desafíos técnicos, económicos y regulatorios

A pesar de su potencial, la implementación enfrenta obstáculos. La modernización de refinerías, los costos de adaptación y la infraestructura envejecida limitan la producción en varias regiones. Además, la falta de incentivos públicos y de políticas claras frena su desarrollo.

Uno de los principales retos es la certificación de sostenibilidad. Hasta 2026, no existen esquemas aprobados que validen el LCAF como combustible elegible dentro de los estándares internacionales, lo que genera incertidumbre y retrasa inversiones.

Otro desafío es la trazabilidad. Al ser físicamente indistinguible del combustible convencional, se requieren sistemas de monitoreo robustos que eviten el doble conteo y permitan verificar sus beneficios ambientales.

La urgencia de acelerar la transición

El informe subraya que el LCAF no sustituye al SAF, sino que complementa la transición energética. La clave, señalan expertos, será impulsar políticas públicas, financiamiento e innovación tecnológica que permitan escalar ambas soluciones.

Para el sector, el tiempo es un factor crítico. Si se desarrollan mecanismos de certificación y mercados confiables, el LCAF podría convertirse en una herramienta relevante para reducir emisiones desde hoy, mientras la aviación avanza hacia un futuro con combustibles renovables.

Fuente: IATA

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