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Empresa, emprendimiento y economía

Inversión de impacto: el capital que busca rentabilidad y soluciones a problemas sociales.
Inversión de impacto
Inversión de impacto: el capital que busca rentabilidad y soluciones a problemas sociales
México ha desarrollado uno de los ecosistemas de inversión de impacto más activos de América Latina, una forma de movilizar capital que busca combinar rendimientos financieros con resultados sociales o ambientales medibles

Antes de que la inversión de impacto ganara terreno en México, una red de cerca de 70 incubadoras sociales ya trabajaba en 30 estados para ayudar a microempresas a formalizarse y profesionalizarse. La iniciativa, impulsada por el Tecnológico de Monterrey desde finales de la década de 2000, anticipó una forma distinta de entender el capital y la empresa

Hoy esa lógica tiene nombre: inversión de impacto. Se trata de dirigir recursos a empresas que buscan resolver desafíos sociales o ambientales y, al mismo tiempo, generar rendimientos financieros. La diferencia está en que el propósito no basta: el impacto debe ser intencional, medible y compatible con un modelo de negocio sostenible.

Así lo explica Jairo Ruiz Nava, académico e investigador del Tecnológico de Monterrey, en un artículo publicado por el Centro de Empresas Conscientes, en el que analiza la evolución de este modelo y el papel que ha tenido la academia en el desarrollo del ecosistema mexicano.

Ruiz Nava participó durante más de una década en la expansión de las incubadoras sociales del Tec. En estos espacios, estudiantes y profesores acompañaban a microempresas de comunidades con rezagos económicos en procesos de formalización y desarrollo empresarial. La experiencia vinculó la formación universitaria con problemas y negocios reales.

Con el tiempo, el emprendimiento social pasó de estas experiencias en territorio a las aulas. Desde 2008, según el artículo, el Tec incorporó esta perspectiva a su oferta académica mediante materias especializadas y, posteriormente, hubs de emprendimiento innovador.

Invertir implica medir

En la inversión de impacto, el capital tiene una doble expectativa: obtener rendimiento económico y contribuir a una solución social o ambiental. Para Ruiz Nava, dos elementos resultan centrales: la intencionalidad y la medición.

“El retorno financiero forma parte del acuerdo, acompañado de indicadores que permiten evaluar mejoras concretas en las problemáticas que se buscan atender”, detalla.

Esto significa que una empresa no puede considerarse de impacto únicamente por declarar un propósito. Necesita establecer indicadores que permitan evaluar los resultados alcanzados y demostrar que su modelo puede sostenerse financieramente.

También cambia el papel de quien invierte. Además de aportar recursos, puede participar como mentor estratégico, facilitar redes y acompañar el crecimiento de la empresa. La finalidad es fortalecer negocios capaces de conservar la coherencia entre propósito, operación y rentabilidad.

México avanza, pero quedan retos

De acuerdo con el análisis publicado por el Centro de Empresas Conscientes, México ha desarrollado uno de los ecosistemas de inversión de impacto más activos de Latinoamérica, con fondos especializados, organizaciones de acompañamiento y espacios que conectan a inversionistas con emprendimientos sociales.

El avance, sin embargo, tiene pendientes. Uno de ellos es fortalecer el marco jurídico y fiscal para reconocer a las empresas de beneficio colectivo y generar condiciones que faciliten la llegada de capital a proyectos con propósito.

La evolución de la inversión de impacto en México muestra un cambio en la manera de entender los negocios: el capital puede buscar rentabilidad y, a la vez, respaldar soluciones a desafíos sociales y ambientales. El reto es demostrar esos resultados con evidencia y convertir el propósito en una parte sostenible del modelo empresarial.

Fuente: Centro de Empresas Conscientes del Tecnológico de Monterrey

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