En un mundo marcado por la incertidumbre, la fragmentación y la sobrecarga de estímulos, el liderazgo enfrenta un desafío más profundo que la adaptación estratégica: recuperar el sentido, expuso José Antonio Lozano Díez.
Durante su participación en Voces del Mar de Cortés con el tema “Serenidad para los Negocios y la Familia en Tiempos de Cambio”, el presidente de la Junta de Gobierno de la Universidad Panamericana y el IPADE advirtió que el mundo atraviesa un punto de inflexión histórico caracterizado por la fragmentación geopolítica, el debilitamiento de los fundamentos económicos y una creciente sensación de vulnerabilidad.
“(Estamos viviendo en) un mundo que pasó de una seguridad de que sabíamos a dónde íbamos, a un mundo que hoy se siente frágil, que se siente con la posibilidad de ser herido”, comentó.
A este escenario se suma una transformación interior profunda que tiene que ver con nuestro contacto con la artificialidad y con el mundo digital, lo que Lozano Díez llamó la digimorfosis.
“Hace menos de 15 años, el promedio global de una persona frente a una pantalla era de 2 horas y media. Hoy es de 7 horas y media ¿y eso a qué te lleva?, a cambios profundos en la persona, por ejemplo, una pérdida de la atención y esto trae cambios radicales en la manera en que nosotros pensamos y vemos la realidad”, destacó.
Voces del Mar de Cortés es un especio de entrevistas y charlas virtuales con expertos y líderes en diversos campos relacionados con el desarrollo sostenible, la economía y la empresa. Es organizado por la asociación civil Foro Mar de Cortés.
El impacto invisible: crisis de sentido
El ponente destacó que estos cambios han derivado en una crisis silenciosa: la pérdida de propósito.
Subrayó que en entornos donde predomina la inmediatez, el entretenimiento constante y la saturación informativa, disminuye la capacidad de reflexión profunda.
Este contexto, dijo, impacta directamente en las organizaciones, porque la falta de claridad personal se traduce en decisiones erráticas, menor compromiso y dificultad para construir proyectos de largo plazo.
Lozano Díez identificó tres grandes desafíos que erosionan la serenidad y el liderazgo:
- La decadencia social, reflejada en la pérdida de valores, el empobrecimiento del lenguaje y el aumento del pesimismo.
- El crecimiento del odio, una emoción profunda y contagiosa que dificulta la cooperación y el diálogo.
- El miedo al futuro, que inhibe la capacidad de emprender, innovar y construir esperanza.
Estos factores, explicó, no solo afectan a las personas, sino que comprometen la viabilidad de empresas y sociedades.
“La esperanza y la paciencia, dos virtudes tan ausentes en la cultura actual, son dos soberanos remedios para todo, son los más seguros y los más blandos cojines sobre los cuales podemos reclinarnos en la adversidad. Estas dos, en su conjunto, producen la serenidad”, indicó.
El propósito como ventaja estratégica
Frente a este escenario, Lozano Díez planteó una ruta para recuperar la serenidad a través del propósito, como una herramienta concreta para la toma de decisiones y la construcción de futuro.
En el ámbito empresarial, dijo, esta cualidad permite liderar con claridad, enfrentar crisis con estabilidad y generar confianza. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión está en el propósito.
“Esta idea del propósito no es la misión de la empresa. El propósito es mucho más profundo, es mucho más trascendente, responde a la pregunta ¿por qué existe la empresa?”, dijo. “Cuando tienes claro el propósito, pasan muchas cosas positivas frente a las crisis”.
Empresas con propósito: más resilientes y rentables
El académico citó un estudio realizado en mil empresas de 11 países de Europa que muestran que las empresas con un propósito claro no solo son más sostenibles en el tiempo, sino también más rentables.
“El resultado del estudio que nos presentaron hace dos años es que las empresas que tenían más claro su propósito eran empresas que duraban mucho más tiempo, eran más sostenibles en el tiempo, pero lo más importante es que las empresas que tienen más claro su propósito son siempre más rentables que las que solo buscan la rentabilidad”, destacó.
Esto sugiere que el propósito no es solo un ideal ético, sino una ventaja competitiva.
Ante los asistentes a la conferencia virtual, Lozano Díez subrayó que tanto las personas como las organizaciones deben cuestionarse si tienen claro su propósito, por que quien tiene un por qué, siempre encontrará el cómo.